¿Qué hacer si mi hijo es poco amistoso?

La cantidad de amigos dependerá de la personalidad de cada niño, sin embargo, hay que estar atentos a ciertas señales e intervenir si es necesario, ya que la interrelación con los pares es parte fundamental del desarrollo.

Para el desarrollo socioemocional de los niños y niñas, son muy importantes las relaciones con los pares durante la etapa escolar, cuando pasan de la dependencia total del hogar a un segundo escenario de socialización, en el que comienzan a compartir con compañeros y compañeras. La psicóloga Carla Cerda, de la red de colegios Cognita, con 17 establecimientos educacionales en Chile, señala que “La influencia del grupo de pares y las relaciones de amistad aparecen como un agente socializador, que hace una contribución -más allá de la familia y el colegio- al ajuste social, emocional y cognitivo de niños y niñas”.

Por lo mismo, muchos padres comienzan a preocuparse cuando observan que sus hijos no son invitados a las casas de sus compañeros, están solos en el colegio, no tienen con quién hacer tareas o no los motiva invitar a amigos para jugar. En ese sentido, la especialista explica que lo primero que hay que entender, es que hay niños que, por sus características personales, prefieren mantener un perfil más discreto, lo cual puede influir en la “cantidad de amigos” que le rodeen. “Hay que hacer esta precisión, para diferenciar a aquellos que poseen buenas habilidades interpersonales, de los que las tienen más disminuidas o deciden tener un círculo acotado”, explica Carla Cerda.

Entonces, ¿es negativo tener poco amigos? La psicóloga de Cognita dice que no, pues puede corresponder a una elección propia. “Lo realmente fundamental es visualizar si el niño o niña sabe relacionarse adecuadamente y logra entablar vínculos positivos y enriquecedores”, especifica.

Además, hay algunas pequeñas diferencias entre niñas y niños al hablar de amistad: “cualidades como la lealtad, la empatía, la complicidad y la confianza aumentan con la edad y se da con mayor fuerza en las mujeres. No obstante, tanto niños como niñas coinciden en entablar vínculos fuertes y duraderos que logran sostener de por vida y, a partir de los cuales, surgen iniciativas de apoyo mutuo y solidaridad”.

¿Cuándo preocuparse?

– Cuando pese a los intentos por hacer amigos, no haya conexión y, por ende, éstos no resultan fructíferos.

– Si pareciera no necesitar a los demás, es decir, no tiene «intención social».

– Si no se busca la interacción con otros y no disfruta del juego conjunto.

Los padres deben estar disponibles para ofrecer ayuda, partiendo por identificar si hay dificultades en las habilidades sociales, inmadurez, poca empatía, impulsividad o dificultades para seguir ciertas claves vinculares.

¿Cómo ayudarlos a socializar?

La amistad debe cultivarse desde el hogar, siendo el colegio el espacio para continuar promoviendo actividades que permitan fortalecer lazos. Así, los adultos deben orientar a sus hijos para que puedan hacer amigos, construyendo relaciones positivas y de apoyo con ellos. “Es importante tener en consideración que niños y niñas comienzan a desarrollar la confianza básica y la seguridad en sí mismo necesaria, para sociabilizar y conocer nuevas personas a través de la relación que se construye con los padres. Cuando los niños maduran, generalmente siguen confiando en sus padres, pero también se benefician del apoyo de otros adultos significativos”, explica la psicóloga de Cognita.

En ese sentido, la familia puede contribuir a potenciar la amistad a través de distintas acciones:

– Conversar sobre el valor de la amistad como prioridad familiar.

– Conocer a las familias de los amigos de sus hijos y generar vínculos.

– Invitar a otros niños/as a la casa para conocerlos.

– Realizar diversas actividades entre las familias, para que adultos y niños compartan en contextos distintos.

– Conocer las necesidades individuales de los niños/as amigos de sus hijos.

– Conversar sobre sus compañeros y lo que significa tener amigos.