El ejército de Birmania nuevamente es acusado de disparar contra los manifestantes en protestas

Al menos 54 personas han muerto y cientos han resultado heridos debido a los disparos de la policía y los soldados en las protestas.

El Ejército birmano disparó este domingo munición real contra varios manifestantes en Bagan, la histórica ciudad en la zona central del país, causando un herido leve, indicó a EFE uno de los organizadores de la protesta.

Miles de birmanos volvieron a salir a protestar contra la junta militar en otras ciudades como Mandalay y Rangún donde las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos, con los uniformados cada vez más aislados de la comunidad internacional.

Ataviados con cascos de plástico y escudos de metal en los que muchos han escrito la palabra “Pueblo”, los manifestantes tratan de evitar con barricadas en las calles el avance de los policías y militares a pesar de la dura represión.

Fuentes de la Liga Nacional para la Democracia (LND), el partido de la líder de facto depuesta, Aung San Suu Kyi, informaron hoy en Facebook de que uno de sus representantes en Rangún, la mayor ciudad del país, falleció tras ser detenido la víspera por policías y soldados.

Ko Si Thu Maung, diputado de la LND, afirmó que el fallecido, identificado como Khin Maung Latt, de 58 años, había sido torturado mientras era interrogado en su celda.

En diversas localidades se celebran funerales por los fallecidos por los disparos de policías y soldados, incluidos 38 muertos solo el pasado miércoles.

En Yangón, los familiares y amigos mostraban su dolor en las exequias de Htet Aung, de 19 años, y Min Oo, de 21, mientras algunos levantaban el brazo con tres dedos alzados, el gesto de resistencia contra los militares inspirado en la saga de “Los juegos del hambre”.

Al menos 54 manifestantes, incluidos cinco menores, han muerto y cientos han resultado heridos debido a los disparos de la policía y los soldados en las protestas contra el golpe de Estado del pasado 1 de febrero que se repiten a diario a lo largo del país.

Además, más 1.500 personas, incluidos políticos, activistas, periodistas y monjes, han sido detenidos desde el levantamiento militar y más de 1.200 continúan arrestados, incluida Suu Kyi, de 75 años y quien se encuentra incomunicada.

CAMPAÑA DE DESINFORMACIÓN

La junta militar continúa con una campaña de desinformación en los medios oficialistas, donde insiste en que hubo fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, aunque fueron validados por observadores internacionales, y en la correcta actuación de las fuerzas de seguridad.

Según el medio oficialista “Global New Light of Myanmar”, las autoridades desenterraron el cadáver de Kyal Sin, una manifestante fallecida el pasado miércoles, y concluyeron tras realizar una autopsia que había muerto de un disparo realizado por un arma que no era de la policía o el Ejército.

Esto contradice los testimonios de numerosos manifestantes testigos del incidente, que tuvo lugar durante unas protestas en la ciudad de Mandalay.

Kyal Sin, de 19 años y apodada Angel, se ha convertido en uno de los símbolos de la resistencia contra los militares, que gobernaron el país con puño de hierro entre 1962 y 2011 antes de iniciar una transición hacia una “democracia disciplinada”.

INTERRUPCIÓN DE INTERNET

La junta militar lleva semanas cortando cada noche el acceso a Internet como parte de las medidas de represión contra la población, que ha puesto en marcha un movimiento de desobediencia civil contra los uniformados.

Días después del levantamiento militar, durante el cual se detuvo a parte del Gobierno electo de Suu Kyi, la junta militar cortó el acceso a redes sociales como Facebook y Twitter para evitar que los ciudadanos se organizaran y compartieran vídeos, pero muchos se saltan el bloqueo mediante programas VPN.

Los manifestantes exigen al Ejército que permita la vuelta a la democracia y reconozca los resultados de las elecciones del pasado noviembre, en las que arrasó la Liga Nacional para la Democracia, que ya ganó con amplia mayoría en 2015.

Fuente: EFE